Página DIASE
Número 10 - Septiembre / Octubre 2000
NUEVO PROGRAMA CON FINANCIAMIENTO EXTERNO PARA APOYAR LA REFORMA DEL SECTOR: PROGRAMA PILOTO PARA LA ATENCION DE AREAS CARECIENTES

Tiempo atrás, habíamos descripto una nueva línea de crédito que se ponía en marcha con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En esta oportunidad, nos referiremos al Programa de Reforma del Sector Agua Potable y Saneamiento BIRF 4484 – AR, convenido entre la Nación (a través del Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento – ENOHSa) y el Banco Mundial, el cual una vez que se encuentre operativo, podrá contribuir a la mejora y expansión de los servicios de agua potable y desagües cloacales, al proceso de transformación de los servicios y la incorporación de la participación privada, a la expansión de los servicios a la población careciente de áreas urbanas concesionadas, a la capacitación sobre la regulación, a la regulación ambiental y a mejorar el sistema de información sectorial "SPIDES" ya comentado en nuestra Página en su momento.
En principio, está previsto que el Programa se divida en dos etapas: la primera de u$s 30 millones con un 64 % de aporte promedio del Banco y el resto de contrapartida local a finalizar en el año 2003, y la segunda etapa, de u$s 40 millones con un 57 % de aporte promedio del Banco.
Las condiciones del préstamo difieren según cada caso particular, pero en términos generales, puede decirse que la tasa de interés será la fijada por el BIRF en base a la tasa LIBOR (London Interbank Offered Rate) más el 1,5 % y gastos. La amortización será en 10 años.
Algunos de los proyectos destacables en gestión, son los correspondientes a las mejoras y ampliaciones a desarrollar en las ciudades de Posadas y Olavarría.
Un párrafo aparte merece el hecho de que para el caso de prestadores de servicios concesionados que deseen implementar planes piloto de mejoramiento y/o expansión de servicios en asentamientos poblacionales de escasos recursos, podrá encararse, mediante el Programa, un principio de solución a esa problemática.
En esos planes para zonas carecientes se tendrán que contemplar las siguientes pautas:

  • Se deberá diseñar un régimen tarifario social y de subsidios, cuando se estime necesario.
  • Los costos de conexión (cargo de infraestructura) y de red secundaria, se recuperarán preferentemente a través de un cargo a todos los usuarios y no a través de un cargo por única vez a los usuarios nuevos.
  • Los montos a cobrar a las familias carecientes no podrán superar el equivalente a u$s 50 por conexión nueva.
  • Los montos a cobrar a las familias carecientes no podrán superar el 5 % del ingreso mensual de la familia por el servicio combinado de agua y cloacas por mes.
  • Se deberá permitir a las familias carecientes que residan en las áreas mencionadas, el acceso a un préstamo por el monto de los cargos de las conexiones nuevas a la red, sin intereses y con un plazo de un año.

Las áreas urbanas se considerarán carecientes cuando por lo menos el 30 % de su población se califique como población de bajos ingresos, de acuerdo al "Indice de Necesidades Básicas Insatisfechas" calculado por el Instituto Nacional de Estadística y Censo", u otro criterio que se apruebe.
Adicionalmente, se deberán lanzar campañas públicas para aumentar el conocimiento sobre el objetivo e impacto de las acciones previstas.
Con respecto al tema de áreas carecientes, no puede evitarse la mención de la experiencia brasileña. En este sentido, la primera la constituyó el Programa "PROSANEAR" en la década de 1980 que, mediante la utilización de tecnologías innovadoras, consiguió mejorar las condiciones sanitarias de la población, generar empleo, crear organizaciones representativas de la comunidad, integrar las áreas beneficiadas (mayormente "favelas") a las estructuras urbanas, y dar a las empresas de saneamiento y a las organizaciones gubernamentales valiosa experiencia.
Ese primer Programa, financiado con recursos federales, sufrió dificultades técnicas y financieras que estuvieron cerca de hacerlo fracasar. No obstante, tiempo después, sobre la base de la idea original, se lanzó un nuevo Programa piloto, PROSANEAR I, de u$s 100 millones financiado parcialmente por el Banco Mundial, con la filosofía de "aprender haciendo" y tratando de desarrollar tecnologías apropiadas, acuerdos institucionales, movilización de las comunidades y recuperación de costos a través de las tarifas.
El planteo de sistemas no convencionales exigió una mayor discusión de los proyectos con las comunidades, pero por sus características técnicas (por ejemplo en los sistemas condominiales en los que las colectoras pueden pasar por los fondos de las viviendas) se generó un mayor compromiso de los vecinos para el mantenimiento.
Por otra parte, se buscó que las soluciones técnicas desarrolladas para cada caso particular no excedieran de ciertos límites de costo por habitante.
Un aspecto relevante que se corrigió en el PROSANEAR I con respecto al programa original, fue el hecho de prever en forma conjunta los servicios de agua potable y desagües cloacales. La experiencia demostró que el abastecimiento de agua sin la solución de los desagües cloacales generó problemas ambientales en muchos casos.
También fue importante lograr el pago de los servicios. El sistema gratuito que se implementó en la primera experiencia hizo que las obras se deterioraran rápidamente porque los habitantes no sentían ninguna obligación de mantener instalaciones que no habían pagado.
La educación sanitaria fue otro aspecto innovador en este tipo de emprendimientos. En tal sentido, hubo un trabajo de divulgación a cargo de profesores e, inclusive, de integrantes de las propias comunidades que fueron especialmente entrenados para la tarea. Adicionalmente, se organizaron distintos eventos tales como festivales, exposiciones de fotografías, obras de teatro, etc. con la finalidad de divulgar en forma amena los principios básicos de la higiene y la educación sanitaria.
Con PROSANEAR I pudieron beneficiarse cerca de un millón de personas. Debe señalarse que además de las claras mejoras sanitarias, se logró integrar las comunidades carecientes a las ciudades, y cambiar en buena medida la imagen de malos pagadores que las empresas de saneamiento tenían de los grupos beneficiados.
Para el Banco Mundial, en síntesis, quedaron las siguientes conclusiones:

  • La participación comunitaria, desde las primeras etapas del proyecto, es esencial para el éxito de cualquier emprendimiento.
  • Desde el inicio del proyecto, se debe plantear la recuperación de la inversión a través de las tarifas.
  • Los mecanismos institucionales para la operación y mantenimiento deben ser parte integrante de los proyectos, para que los sistemas sean auto-sustentables.
  • Todas las alternativas técnicas y sus respectivos costos deben ser discutidos con las comunidades.
  • Es fundamental un compromiso sólido de los municipios para el éxito del proyecto.
  • Especialmente en áreas de riesgo, se debe aprovechar la discusión con las comunidades para enfocar todos los temas relativos a obras de infraestructura básica, sin limitarse al agua y los desagües cloacales.

En definitiva, y ya volviendo a la situación en la Argentina, cabe señalar que con el Programa descripto al principio, al margen de los beneficios que podrán obtener las ciudades relativamente importantes, se abre una posibilidad para desarrollar también las áreas carecientes. Desde ya que podrá decirse que las experiencias brasileñas no son totalmente trasladables a nuestro país por razones socioeconómicas y culturales, entre otras; pero debe destacarse la iniciativa, la planificación y la perseverancia puestas de manifiesto en Brasil para empezar a solucionar un grave problema sanitario. Es imprescindible tomar ese ejemplo y poner la misma energía en la Argentina para desarrollar soluciones apropiadas a nuestras condiciones.
(Fuentes: Informe del Banco Mundial -Programa PROSANEAR; manual operativo préstamo BIRF 4484-AR)

 

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