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Parece ser
que cada vez importan mas las redes. Componentes enterradas de nuestros
sistemas sanitarios, han sido olvidadas durante tanto tiempo, que ahora
urge sabes en qué estado están y dada la edad de muchas
de ellas, cuanto dinero se necesita para mantenerlas operativas con seguridad.
En Estados unidos, han evaluado que en la próxima década
se deberán invertir u$s 80.000 millones de dólares en cañerías
para cumplir con las regulaciones.
Como siempre sucede en estos casos, la industria se basa en estudios y
en desarrollos tecnológicos, por lo que se genera material bibliográfico
relacionado.
A continuación comentamos algunas de estas novedades:
La American Water Works Association ha editado una nueva edición
de su Manual de Práctica M28 Rehabilitación de Cañerías
de Agua (Rehabilitation of Waters Mains) en el año 2001.
Un trabajo medular en el tema es el Guidance Manual for the Structural
Condition Assesment of Trunk Mains editado por el Water Research Center
en el año 1992.
El Manual Water Distribution System Handboos constituye una fuente de
información global en el tema de las redes de distribución.
El libro Internal Corrosion of Water Distribution Systems de la Research
Foundation de la AWWA, provee una base científica de los mecanismos
de corrosión de los distintos materiales constituyentes de las
cañerías.
Por otro lado, varios artículos del Journal de la AWWA han tratado
el tema a lo largo de los años. Estos clásicos de la bibliografía
sobre el tema son:
- Habibian. Developing and utilizing databases for Waters Mains rehabilitation.
JAWWA 54:7:75, July 1992
- Clark. Developing Database for infraestructure needs. JAWWA 81:7:81,
July 1989
- Walski. Replacement Rules for Water Mains. JAEEA 79:11:33. Nov. 1987
- O'Day. organizing and Analyzing Leaks. Journal AWWA 74:11:589 Nov. 1982
Walski-Peliccia. Economic analysis of Water Main Breaks. JAWWA 74:3:140
Mar.1982
- Shamir. An Analytical approach to scheduling pipe replacement. JAWWA
71:5:248 May 1979
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Muchas fuentes
de agua se encuentran fuertemente contaminadas por la presencia de nitratos.
Las normas europeas y las de la organización Mundial de la Salud
actualmente limitan la concentración a 50 mg/l aunque las primeras
pueden ser modificadas a valores mas exigentes de 25mg/l.
En nuestro medio, el Código Alimentario Argentina limita la concentración
a 45 mg/l.
Hay dos tecnologías disponibles para remover los nitratos del agua:
el intercambio iónico y la denitrificación biológica.
La denitrificación biológica requiere de un sustrato carbonáceo
y un tratamiento posterior de pulido, como filtración y desinfección.
Las resinas utilizadas en el intercambio iónico reemplazan nitratos
de cloruros, introduciendo cambios significativos en la composición
del agua al aumentar la concentración de cloruros. Esta tecnología
introduce la necesidad de evaluar seriamente la disposición del
efluente concentrado generado durante la regeneración.
Por supuesto que la electrodiálisis y la ósmosis inversa
son capaces de remover nitratos, aunque las aplicaciones prácticas
se ven disminuidas por los altos costos de estas tecnologías.
El Chitosan es un producto natural derivado de la desacetilación
del polisacárido chitin.
El chitin se encuentra en el esqueleto externo de los cangrejos y en el
de los crustáceos.
Las gotas de gel de chitosan han probado ser un interesante medio de absorción
en el tratamiento de efluentes industriales para la remoción de
metales pesados.
En un artículo publicado en la Revista Water SA de enero de 2001,
se relatan los resultados del uso del gel de chitosan para la remoción
de nitratos en el agua.
Los autores, dos de nacionalidad francesa y dos marroquíes, dicen
que es factible la remoción de nitratos utilizando el gel de chitosan,
pudiendo remover adicionalmente ión flúor, lo que lo convierte
en un interesante producto para aguas contaminadas en varias zonas de
la Argentina.
Los autores aclaran que el paso siguiente será la construcción
de un reactor a escala conveniente operado en condiciones reales, por
lo que habrá que esperar noticas al respecto.
La USEPA
anunció un nuevo estándar para el arsénico
Chistie Whitman, administradora de la US Environmental Protection Agency
(USEPA), anunció en noviembre de 2001, que el límite para
el arsénico en el agua potable será de diez partes por billón
(10 ppb), con lo cual la Agencia intenta restringir el estándar
bajando sustancialmente el máximo permisible de 50 ppb, que fue
el límite legal durante casi medio siglo.
Este nuevo valor aumentará la seguridad del agua potable y representará
una disminución del riesgo de contraer cáncer, enfermedades
cardiovasculares y diabetes.
Cuando la Agencia inició la revisión de los estándares
sobre arsénico en el agua potable, advirtió que mucha información
disponible no había sido tenida en cuenta, por lo que evaluaron
nuevos datos científicos surgidos desde el estudio original de
1999 realizado por la National Academy of Sciences.
Tres paneles de expertos revisaron el nuevo material: la National Academy
of Science analizó el riesgo, la National Drinking Water Divisory
Council examinó los costos para los sistemas de agua, y la EPA's
Science Advisory Board determinó los beneficios.
Whitman reiteró que estos estudios adicionales no posponen el acatamiento
de la fecha prevista para implementar un nuevo estándar para el
arsénico en el 2006, sino que en lugar de eso, refuerzan las bases
para la decisión.
Cerca del 97% de los sistemas de agua de los EE.UU. afectados por este
nuevo estándar son pequeños y sirven a menos de 10.000 personas
cada uno.
La EPA prevé destinar veinte millones de dólares en los
próximos 2 años para desarrollar tecnologías que
reduzcan los costos de las plantas; así como brindar asistencia
técnica y entrenamiento a los operadores con el mismo objetivo.
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